6.11.06

HABITANTE DE GALERÍA: EL ELEFANTE CARTAGINÉS


Bueno, a ver, lo que os traigo hoy después de un breve descanso es una miniatura de la cual estoy completamente enamorado. Se trata de uno de los elefantes de Anibal Barca. La escala de las figuras es de 1/72. Puede parecer la versión reducida de mi antiguo Mumak o quizás una cría, pero no. Pertenece a una caja baratísima de la marca Hät, en la que se incluyen 18 figuras y 6 elefantes, distribuidos en 2 modelos diferentes. Cuando la compré no pude esperar a pintar al menos uno, y por eso solo tengo pintado este. La lanza del lancero esta rehecha con un alambre sacado de un clip, porque eran unas famosas lanzas extra-largas para acabar con los jinetes de la caballería enemiga. Por desgracia la lanza que traía no era ni la mitad de larga, muy endeble y ridícula, debido a la imposibilidad del molde de plástico para realizar algo así. El resultado es por una cuestión de honor y de rigor histórico.



Soy un gran seguidor de la épica historia de Anibal. Para muchos es algo muy popular y conocido. Un buen día de la primavera del 218 antes de Cristo, Anibal dejó la defensa de la primitiva Península Ibérica a su hermano Asdrúbal y se largó con 100.000 soldados de infantería, 12.000 caballos con sus respectivos jinetes y 50 ELEFANTES a la conquista de Roma. En lo tocante a las etnias, su ejército estaba formado por libios (africanos) y mercenarios íberos que se habían ido uniendo al ejército cartaginés mediante la conquista de sus territorios de origen. Este grupo multicultural era la punta de lanza del ataque desesperado que Anibal apuntaba hacia el corazón de la, por entonces, Roma Republicana. De este modo se pretendía desviar la atención del ya clásico "Delenda est Cartago" que mascullaba ya Roma entera.

Cabe reseñar que el elefante que todos tenemos en mente, el típico elefante africano, enorme y de grandes colmillos tenía poco o nada que ver con el tipo de elefante que usó Anibal. El elefante de guerra cartaginés era un animal pequeño, ligero y de colmillos cortos, propio y endémico del norte de África, que muchos creen ya extinto, precisamente por ser usado como montura para la guerra. En lo que respecta a su alzada, el elefante en cuestión superaba muy poco la altura de un caballo común y corriente, por lo que las figuras de Hät estan francamente bien conseguidas.


Imaginemos que esta comitiva de guerreros, caballeros y elefantes, en su día cruzó nuestro actual país dirigiéndose hacia el norte. Imaginemos la cara de los niños que asustados se escondían tras las faldas de sus madres en los poblados íberos, mientras oían como se aproximaban los barbados y silenciosos hombres de tez cetrina, armados con largas lanzas, a lomos de extrañas bestias de gruesa piel gris, provenientes de las calurosas tierras del sur... El ruido de los cascos de caballos al golpear la tierra seca, el excaso brillo de las viejas armaduras de bronce, el valor de los jóvenes de los clanes que buscan unirse al ejército, cegados sin duda por la majestuosidad del espectáculo...

Anibal vadeó el Ebro, que servía como frontera natural que delimitaba el territorio romano, y no halló resistencia entre los pueblos que encontró en el camino. Dejando atrás un destacamento para proteger las comunicaciones, cruzó los Pirineos y avanzó hasta el Ródano. Sostuvo combates con algunas tribus nativas, los llamados galos cisalpinos, con las cuales firmó pactos prometiendoles las riquezas que recibirían al reducir Roma a cenizas, cosa que hizo que se le unieran en su empresa.

La hazaña de cruzar los Alpes fue una locura, un auténtico desastre. Esto en realidad nos hace pensar en los motivos por los cuales pasa la gente a la historia. A pesar de la oposición que mostraban los guías nativos y de la dureza del descenso, logró cruzar los Alpes pisando por fin suelo romano. Muchos íberos y galos huyeron al ver la descabellada idea de su lider. Muchos de los que no huyeron corrieron una suerte peor, muriendo de fatiga, hambre y congelados por las bajas temperaturas. El mismo destino se guardó para muchos de los caballos y sobre todo para los elefantes, de los que según tengo entendido, no llego ninguno (o casi ninguno) a las puertas de Roma. Las bajas fueron terribles, y la resistencia inutil. Ante el ejército de 800.000 soldados romanos, Anibal solo tuvo 20.000 hombres y 6.000 caballos, todos agotados por los largos meses de viaje. En efecto, esta fue la derrota de Cartago, pero aun así nadie en toda Roma se esperaba un hecho heroico semejante, y dio al traste con los intentos de los romanos de mantener su territorio al margen de la guerra.


¿Veis ahora esta figura de un modo diferente?


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