28.9.06

LA HISTORIA DE DRACULEA. Del manuscrito original de Efrosin (segunda parte)


Grabado que muestra a Vlad III

Y tanto odiaba él los males de su tierra, que cuando alguien hacía el mal, un crimen o robo, o decía mentiras, o era culpable de alguna injusticia, no le estaba permitido vivir. Ni siquiera los grandes boyardos (nombre que designa la clase nobiliaria común de la época, en Rumanía), o sacerdotes o monjes, o gente ordinaria, o aquellos que poseían grandes riquezas podían llegar a salvarse de la muerte con dinero (se sobreentiende por un intento de soborno al propio Vlad) y así era de terrible. Él tenía una salida de agua y un pozo en cierto lugar, y muchos viajeros de gran cantidad de paises iban a ese pozo porque el agua que vertía era muy fría y dulce. Y colocó un maravilloso cáliz de oro en un lugar desierto junto al pozo para que aquel que quisiera beber del agua pudiera hacerlo con esa copa y dejarla de nuevo ahí. Y aunque mucho tiempo pasó, nunca nadie se atrevió a robar la copa.

Nobles boyardos

En una ocasión dio la orden a todas sus tierras de que cualquier anciano, o incapacitado, o imposibilitado, o mendigo, debían ir a verle. Y un interminable número de mendigos y vagabundos se reunieron esperando gran caridad por su parte. Y él ordenó que debían ser todos introducidos en un solo edificio enorme construido para la ocasión y él ordenó que se les diera lo suficiente de comer y beber. Y comieron y fueron felices. Y él fue a verles personalmente y les preguntó: "¿Qué más deseais?" y todos le respondieron "Solo Dios y vuestra Majestad lo sabe, oh señor, así que haced lo que Dios os sugiera". Y él les contestó: "¿Quereis que termine con vuestras penurias en esta tierra, para que de esa manera no volvais a necesitar nada?" Y quedaron espectantes ante algo grandioso de su parte, y todos dijeron: "Si, eso queremos, oh señor", así que él ordenó que se les encerrara en el edificio y que fuera incendiado y que todos los de dentro fueran quemados vivos. Y le dijo a sus boyardos "Vosotros debeis saber por qué hice esto. En primer lugar, hice esto para que nadie se queje, y por tanto no debe haber nadie que sea mendigo en mi tierra. De este modo todo el mundo será rico. En segundo lugar, a través de mi acción les he liberado de seguir sufriendo en esta tierra, y de la pobreza, y de la enfermedad".

En otra ocasión, dos monjes latinos llegaron a él desde Hungría pidiendo limosna. Y él ordenó que cada uno de ellos debía presentarse ante él por separado. Llamó a uno de ellos y le mostró el infinito número de personas empaladas en estacas y destrozadas por las ruedas en el patio del castillo, y le preguntó al monje: "¿He hecho bien?, y ¿quién son las personas que estan en las estacas?" Y el monje respondió: "No, gobernador, has hecho el mal castigando sin piedad, porque un gobernador debe ser piadoso, y esos que estan en las estacas son mártires". Y Draculea llamó al otro monje y le preguntó lo mismo, y el monje le respondió: "Tu, gobernador, has sido designado por Dios para castigar a aquellos que hacen el mal y para favorecer a aquellos que hacen el bien, y esta gente hizo el mal y han recibido su justa recompensa". Así que Draculea llamó al primer monje y le dijo: "¿Por qué vagas desde tu monasterio y tu celda, de gobernante en gobernante, sin saber nada? Acabas de decir que estos son mártires y yo quiero hacerte martir a ti también, asi que serás un martir junto a ellos". Y ordenó que el monje fuera empalado en una estaca por el trasero y ordenó que al otro monje le fueran dados cincuenta ducados de oro, diciendole "Tu eres un hombre sabio", y ordenó que el monje fuera conducido con honores en un carruaje hasta las tierras húngaras.

A Dios rogando... y con la lanza empalando.

Un día cierto mercader extranjero llegó desde Hungría hasta su ciudad y como requería la ley dejó su carreta en la calle frente a una casa, y todos sus bienes estaban en la carreta, y él mismo durmió en la casa. Y alguien vino y robó 160 ducados de oro del carro y el mercader decidió ir a ver a Draculea y le contó acerca de la desaparición del oro, y Draculea le dijo: "Vuelve y encontrarás el oro esta noche". Y ordenó que el ladrón fuese buscado por toda la ciudad, diciendo: "Si no se encuentra al ladrón, destruiré la ciudad por completo" y ordenó que su propio oro fuera colocado en el carro por la noche añadiendole un ducado de más. Cuando el mercader se levantó y encontró el oro lo contó una vez y otra vez y encontró el ducado de oro extra, y fue a Draculea diciendo "Señor, encontré el oro, pero este ducado de oro no es mío, es un ducado de más". Y entonces trajeron al ladrón con el oro y Draculea le dijo al mercader: "Ve en paz. Si no me hubieras dicho que tenías el oro, hubiera estado preparado para empalarte junto con este ladrón".

(A continuación viene un pasaje extremadamente brutal que por su contenido me costó mucho traducir y quizás no debiera publicar, con esto aviso que puede herir gravemente la sensibilidad de las personas. Me permito recordar que este texto es una traducción literal de un texto original ruso del siglo XV, y que rechazo y repudio diametralmente las prácticas de Vlad Tepes).

Y si alguna mujer cometió adulterio lejos de su esposo, él ordenó que sus partes íntimas le fueran cortadas, y le fuera arrancada la piel de su cuerpo. Y después ella debería ser ahorcada desnuda y su piel colgada en un pilar en mitad de la plaza de la ciudad y el mercado. Y a aquellas vírgenes que no mantuvieron su virginidad y también a las viudas culpables de lo mismo, en ocasiones se les cortaron los pechos, y en otras ocasiones se les despellejaron sus partes íntimas, y un atizador de hierro calentado al fuego se introducía en las partes íntimas de la mujer hasta que salía por su boca, y así quedaba, desnuda, colgada de un pilar hasta que su carne y sus huesos se caían o eran comidos por los pájaros.

Un día Draculea estaba viajando y vió a cierto pobre hombre que vestía una camisa gastada y rasgada. Y le preguntó: "¿Tienes esposa?" y el hombre le respondió "Si tengo, señor", así que él le dijo: "Llévame a tu casa para que pueda verla", y vió que la mujer era joven y sana y le preguntó a su marido: "¿No has sembrado nada de lino?" y le respondió: "Señor, tengo mucho lino", y le mostró todo el lino. Y entonces Draculea le dijo a la esposa: "¿Entonces por qué eres tan vaga y no cuidas de tu marido? Él debe sembrar y arar y cuidarte, así que debes hacerle a tu marido ropas que sean ligeras y agradables - y tu ni siquiera quieres hacerle una camisa, aunque estas sana. Tu eres la culpable, no tu marido. Si tu marido no hubiera sembrado lino, él habría sido el culpable". Así que ordenó que se le cortaran las manos y que su cuerpo fuera empalado.

En una ocasión almorzó bajo los cuerpos de la gente muerta puestos en las estacas y había muchos de ellos en torno a su mesa, pero él comió entre ellos y disfrutó su comida. El sirviente que le puso la comida ante él no podía soportar el olor y se tapó la nariz e inclinó la cabeza, y Draculea le preguntó: "¿Por qué haces eso?" y el sirviente respondió: "Señor, no puedo aguantar la peste". Asi que Draculea ordenó que fuera empalado tambien, diciendo: "El olor no te alcanzará ahora que estas empalado en una alta estaca".


Vlad Tepes y su Happy Meal

Una vez el rey húngaro Matías (El rey Matthias Corvinus, primo lejano del propio Vlad III Draculea) le envió un embajador de alto rango, nacido en Polonia. Él (Draculea) ordenó al embajador que se sentara con él durante el almuerzo entre los cuerpos, y ante él había una estaca hermosa, larga y cubierta de oro. Y Draculea le preguntó al embajador: "¿Por qué he hecho esta estaca?, dime" y el embajador estaba muy asustado y dijo: "Señor, me parece que algún gran hombre es culpable ante vos y vos quereis darle una honrosa muerte, más grandiosa que la que habeis dado a los otros" y Draculea dijo: "Estas en lo cierto. Tu eres el gran enviado de un gran gobernante, así que he mandado hacer esta estaca para ti". Y el embajador respondió: "Señor, si he hecho algo que merezca la muerte, como deseais, porque vos sois un juez justo. No sois vos culpable de mi muerte, sino que lo seré yo". Y Draculea se rió a carcajadas y dijo: "Si vos no hubierais respondido así, definitivamente habríais acabado en esa estaca", y le honró grandiosamente, y le dio regalos, y le dejó ir diciendo: "Vos deberiais ir en embajadas de unos grandes gobernantes a otros gobernantes, porque se os ha enseñado cómo hablar con grandes gobernantes. Los enviados no deberían atreverse a hacer nada sin haber sido enseñados antes a hablar a los grandes gobernantes".

El rey de Hungría Matthias Corvinus

Esa era la costumbre de Draculea. Cuando un embajador de un emperador o un rey llegaba a él y no era refinado o no podía responder a sus preguntas trampa, era empalado con las palabras "No soy culpable de tu muerte, sino tu gobernador o tu mismo, así que no puedes decir nada malo contra mi. Si tu rey, siendo inteligente, te ha enviado a mi sabiendo que eras de cerebro pequeño y que no has sido bien enseñado, entonces tu rey te ha matado. Si tu mismo te has atrevido a continuar en la embajada sin haber aprendido todo lo que era necesario, entonces te has matado a ti mismo".

Y ese es el por qué de que tuviera eregida una alta y dorada estaca para los embajadores, y en ella les empaló y envió esas palabras al maestro del embajador, añadiendo que "el rey no debería haber enviado a alguien de pocas entendederas y poco conocimiento en los asuntos de embajadores ante un príncipe de gran inteligencia".

Para mañana la última parte. Espero que os sea grato.


Estadisticas de visitas